Esto es algo que te repetiré muuuuuuchas veces y es.....que soy una persona con muchísima suerte en muchos aspectos de mi vida y uno de ellos es mi trabajo.
Podría decirte que es el mejor trabajo del mundo, que cobro un pastizal y tal y cual peeeeeero...... no es así. Es un trabajo temporal, que no me da para vivir pero me ayuda y en un sitio, en el que o te mueres de calor o te mueres de frío. Como ya te imaginarás esto último es lo que peor llevo.
Y sí, no me pongas esa cara, es el mejor trabajo del mundo. Tú ahora mismo no lo ves pero si te cuento que no hay mejores jefes en el mundo que los míos, que tengo unos compañeros geniales, todos nos llevamos bien y nos ayudamos y apoyamos entre nosotros, podemos hablar mientras trabajamos, nos enteramos de mogollón de cotilleos y nos reímos, sobre todo nos reímos muchísimo. Ah! ¡¡¡Se me olvidaba!!! También nos pegamos unos almuerzos y unas merendolas que ya quisieran muchos. Si te cuento todo eso ¿la visión cambia verdad?
Como sabes, al mismo tiempo que trabajo, también estudio. Y créeme, no es fácil compaginarlo. Básicamente hago las tareas que me piden y poco más, porque no dispongo de mucho más tiempo. Y aquí entra otras de las grandes virtudes de mi trabajo y es que tengo la grandísima suerte de poder tomarme una semana libre antes de los exámenes para poder dedicarme por completo a estudiar. Tengo unos jefes geniales, ya te lo había dicho y no me has creído. 😉
Resulta que la semana que viene son los exámenes, y aquí ando, dedicando todo mi tiempo al estudio hasta el punto de que a veces se me olvida hasta de comer. De comer comida, porque he acabado con todas las existencias de chuches y chocolate que había por mi casa. Y es que este cambio tan brusco me genera mucha ansiedad, no es sólo por tener los exámenes a la vuelta de la esquina y sentir que no llego ni de coña, es sobre todo por el cambio, mi cuerpo está acostumbrado a trabajar y al terminar dedicar tiempo al estudio, vamos, que no es que no exista un hábito de estudio. Pero el encierro, la falta de compañía, el dedicar todo el día a una misma tarea, me está matando. ¡¡¡Estoy que me tiro de los pelos!!!
Y ¿por qué te lo cuento? Pues para desahogarme y liberar un poco de ese estrés.
Gracias compi por estar ahí. Es otro aspecto en el que tengo suerte. Y es que aunque sienta soledad, siempre puedo contar contigo. Porque lo que ahora siento es algo normal y pasajero y diría que incluso necesario para poder sacar la fuerza de voluntad que necesito cada día para seguir esforzándome por lograr mis objetivos.
Nadie dijo que fuese a ser fácil, lo que tampoco dijeron fue que ibas a venirme tan bien. Una vez más, ¡Gracias! 😄

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